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La menopausia no es sólo el cierre de la etapa reproductiva que provoca cambios orgánico-funcionales, es simultáneamente, una transformación social y biológica que ocurre en el centro de una transición más global: los profundos cambios en la identidad femenina a partir de los 50 años.
Las imágenes, en nuestra infancia, sobre las mujeres mayores, se relacionan con las monjas, las señoras de la misa de las 6H00, las benefactoras de nuestros pueblos, las matronas, la maestra de la escuela con su traje sastre y su peinado de moña, o la abuela y las tías solteronas.
Hoy las imágenes de las mujeres a partir de los 40/50 años, son variadas y excitantes. Las mujeres que hoy ingresamos al grupo de las “menopáusicas o climatéricas”, somos el producto social de una época ambigua, en la que se conjugan pasado, presente y futuro.
Somos producto de una revolución en la cultura, que atravesó nuestras subjetividades y que conmovió los valores sociales: derechos, divorcio, independencia, autonomía. Los asuntos más sacros como fidelidad, el matrimonio, el amor eterno, la sumisión sin límites... Si se quiere, la sociedad se hizo laica.
Nosotras pertenecemos a una generación de protagonistas históricas sin precedentes: anticoncepción (esa posibilidad extraordinaria de disociar sexualidad y reproducción), trabajo remunerado, universidad. Todo esto no hubiera sido posible sin la militancia de cada una de nosotras en su casa, en su cama, en la familia, en la escuela; si cada una de nosotras no hubiese representado las aspiraciones de la época. Somos mujeres vanguardistas, mujeres de cambio.
TOMADO DEL ENSAYO “ELOGIO A LA MENOPAUSIA”
Por Argelia Londoño Vélez
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