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Desde que somos niños o niñas nos hacemos esta pregunta, y en muchos casos, decidimos atrevernos a experimentar, haciendo más allá de lo que nos dijeron que podíamos. ¿ por cuál razón ?. Quizás curiosidad; quizás el solo hecho de hacer lo prohibido, ese raro placer de cruzar los límites y arriesgarnos sin que se entere nadie sin que nos censuren y reprochen por haber pasado la frontera de lo permitido; o por el contrario, contando a los cuatro vientos nuestra hazaña, haciendo gala de nuestra valentía para ejecutar lo que sólo algunos se atreven. Y sucede que no estamos solos, que hay otros “valientes” que también se lanzaron al ruedo viviendo experiencias diferentes. Cuando menos nos damos cuenta, estamos rodeados de un buen grupo de “arriesgados” que se reúne para desafiar lo establecido.
Pero en otras ocasiones, no somos tan conscientes de lo que pasa y nuestra capacidad de elección se ve sumamente influenciada por la presencia de un grupo de “valientes experimentadores”. En otros casos nos percatamos de la influencia que ejercen los miembros de dicho grupo y nos dejamos llevar por los intereses del mismo, echando a un lado nuestros propios criterios o sencillamente uniéndonos en esa necesidad de “vivir”.
El detalle está en que ya no somos niños/as y lo que hacemos tiene consecuencias diferentes, y quizás muy nefastas, dependiendo de lo que arriesguemos. Así, tenemos efectos negativos en lo emocional, en lo físico, con nuestra pareja, con nuestra familia, en el colegio, etc.
Quizás hayas leído hasta aquí, y aún no hayas definido de que riesgos y actos estoy escribiendo, pues, aunque abarco todos los que puedas imaginar, me enfocaré en tan sólo uno de ellos y que es muy común vivir en la adolescencia: me refiero justamente al consumo de sustancias. (si pensaste en algún otro, ponle atención al asunto)
Aclaremos primero esto de “consumo de sustancias”. Te preguntarás que implica el consumo de sustancias. Encierra todas las drogas que causen efectos en nuestro comportamiento, emociones y pensamientos, incluso incluye al cigarrillo, al alcohol, a los tranquilizantes, pues el hecho de que no estén prohibidos, no quiere decir que dejen de ser drogas.
Y es que cuando decidimos correr el riesgo de probar una de estas u otras sustancias, por la razón que fuere, no podemos asegurar que sea la única ocasión en que lo vamos hacer. Muchos se “enganchan” y se sienten a gusto con los efectos y deciden “consumir con control”, fantasía común y desafortunada, ya que puede tardar el darse cuenta de que nunca se tiene el control cuando se esta “enganchado”.
Si pensamos detenidamente, observaremos que el medio en el cual vivimos fomenta y hace casi indispensable reuniones sociales, fiestas, cumpleaños con alcohol y cigarrillo, desde las graduaciones hasta la celebración por la participación de la selección ecuatoriana en el mundial de fútbol, (recuerden que no importa si gana o pierde, igual se celebra, perdón, se consume).
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